María Fernanda Cano Caparros (Huelva, 1925) publicó la mayor parte de sus novelas como presuntas traducciones del inglés y bajo el seudónimo de ‘Mary Francis Colt’, algo habitual en la época, por lo que se llegó a pensar que, realmente, era inglesa. Esta onubense fue una autora muy prolífica, con numerosas obras editadas. Aunque escribió novelas románticas, como El novio de Vera Golding (1960), la mayoría de sus publicaciones –y las más conocidas- fueron de género policíaco y de intriga, muy demandadas por los lectores en los años sesenta, por lo que fue conocida como la Agatha Christie española. Destacan sus dos obras de teatro La mano y la garra (1972) y La extraña señora Vernon (1975). Quizás sus obras no lograron el respaldo de ningún premio literario, pero sí alcanzaron el favor de los lectores.
El número 712 de la colección teatral Alfil nos trae esta Comedia en tres actos, compuestos de cortas escenas cada uno. Al dorso del librito se explica la obra sin hacer mención a la verdadera identidad de la autora, aunque si se ilustra con una fotografía suya.
Con todo el estilo conveniente para que el nombre de la autora concuerde con lo que se espera de ella, se sitúa la acción en un pueblo irlandés. Una señora de fuerte carácter, dominante, rica, con cierta clase para el lugar donde vive, intenta controlar todo su entorno y cumplir con las normas sociales y religiosas de su tiempo. Sólo tiene un hijo, demasiado joven y soñador, que quiere volar y conocer mundo y las cosas del mundo, pero ella no se resigna a quedarse sola, ya es viuda. El mejor amigo del hijo, un borrachín del pueblo, está casado y Dennis se siente enamorado de su joven esposa, al tiempo, tiene una aventura con una mujer del pueblo que tiene mala reputación. Las habladurías recorren las calles. Y la madre dominante se impone a la voluntad del joven. El cual aparece muerto una noche. Y la crisis se desata. No es obra policíaca, no hay que adivinar el asesino, hay que comprender la fragilidad de la vida, la diferencia entre tender una mano a los hijos o imponerles una garra. Una muy interesante reflexión.
@ 2025, by Santiago Navas Fernández